La laguna rodea una isla que sirve como epicentro turístico. Además, restaurantes y tiendas se apiñan al rededor y a sus afueras para servir al turista hambriento.
Existe un río donde se posa un puerto que despide lanchas pequeñas. De esta forma el viajero puede hacer uso de la laguna como camino.
El lugar parece cualquier cosa menos lo que uno se imagina que puede ser Colombia.
(Sí, lo sé, tengo la cabeza llena de estereotipos sobre como debería ser Colombia, pero estoy seguro que uds. También. Sobre todo cuando la mitad de los restaurantes tienen un estilo ligeramente suizo y la mitad se llaman Chalet de ....).
En fin, almorzamos en el tope del Páramo (véase foto 1).
En la pared de la entrada reposaba este cartel como una especie de bienvenida cursi:
El comedor olía a leña y se escuchaban pasillos con una omnipresencia poco aceptable. De repente mi mente retrocedió unos 14 años (tengo 22) y recordé a bisabuelo jugando telefunke y tomando whisky en Gualaceo. No sé si es bueno recordar a mis antepasados porque me ancla a mi tierra o si es que mi tierra solo me tiene anclado a memorias inútiles.




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